26 agosto 2008
20 agosto 2008
BIENVENIDO PARAGUAY A NUESTRA AMERICA
En una actividad que se realizó en el Municipio de Tres de Febrero (Buenos Aires, Argentina) se repartió una fotocopia de un texto sobre la historia del Paraguay. En el marco de la asunción histórica de Fernando Lugo como presidente de este país hermano poniendo fin a más de medio siglo de dominio colorado, este artículo hace reflexionar sobre la importancia de este país en Nuestra América.
Como bienvenida a esta nueva época continental al pueblo y gobierno paraguayo, es imprescindible indagar en el pasado las razones de la situación que vivimos, el motivo por el cuál estamos construyendo Nuestra América hacia la segunda y definitiva independencia. Para comenzar a saldar nuestra deuda con los hermanos paraguayos masacrados por la Triple Infamia vaya esta publicación.
Los subrayados en el artículo son de mi autoría. (R.D.)
PARAGUAY: INDEPENDENCIA Y DESTRUCCION
Por Daniel Omar Tambone*
“El bien particular debe ceder al bien común y general” fue la consigna que condensó el pensamiento y acción del doctor José César Gaspar Rodríguez de Francia, caudillo popular que dirigió el destino político del Paraguay durante los primeros años de su vida independiente.
Desempeñándose como Dictador Supremo -primero por cinco años y luego con carácter perpetuo, dispuesto en ambos casos por voluntad del Congreso Nacional-, Rodríguez de Francia logró consolidar una alianza sociopolítica con las masas campesinas e indígenas, por medio de un programa eminentemente nacional, popular y revolucionaria.
La dependencia cultural a la que somos sometidos los pueblos latinoamericanos se expresa en materia historiográfica, mediante el ocultamiento o desvirtuación de acontecimientos y personalidades que se inscriben, en calidad de ejemplo, dentro de las luchas por la liberación nacional.
Así como durante el presente siglo se juzgó de fascistas a los caudillos políticos y militares que intentaron estructurar a las clases y sectores populares en torno de un proyecto nacional, y de sovietizantes o comunistas a los que reivindicaron los legítimos derechos sociales y económicos de las mayorías postergadas, los hechos y protagonistas principales del siglo pasado fueron cubiertos por la hojarasca de la anécdota anodina. José Gaspar Rodríguez de Francia y su acción de gobierno (1814-1840) constituyen un ejemplo que se encuadra perfectamente en esta segunda táctica del imperialismo cultural.
Por tal motivo, es importante que, desde una visión latinoamericanista se revise la historia de nuestro pueblo como una unidad, desconfiando de las categorías conceptuales que provienen del exterior y de las percepciones estrictamente localistas, a efectos de evitar la reincidencia en las equivocaciones teóricas que tan alto costo político han significado en la marcha de América latina hacia su unidad e independencia definitiva.
Graduado de licenciado en Filosofía y doctor en Teología en la Universidad de Córdoba, Rodríguez de Francia impulsó un sistema político participativo, al margen de las formas tradicionales de la democracia liberal, observando el “estado de derecho” pero priorizando el “estado de justicia social”. Durante su gestión, llevó a cabo una profunda reforma agraria sobre la base de tierras expropiadas a la oligarquía –derrotada en el intento de imponer sus intereses particulares sobre los de la nación-.
A diferencia de otras experiencias reformistas –en que las tierras eran otorgadas en propiedad a los campesinos, lo cual generaba en ellos el sentido de la propiedad privada y, así, una actitud política conservadora-, en Paraguay se constituyeron las Estancias de la Patria, unidades productivas que administraba directamente el Estado. El número de estas estancias se incrementó sensiblemente al confiscarse las tierras acaparadas por la Iglesia. De esta manera, el 98 por ciento del territorio paraguayo se convirtió en propiedad pública.
Tal organización de la producción agrícola permitió obtener el control estatal sobre el comercio de la yerba mate y el tabaco con que se abastecía al sur, y el de la madera que se vendía a Europa. A partir de 1830, además de esos productos, comienzan a exportarse otro, tales como maíz, arroz, mandioca, cebollas, miel, jamón y quesos.
Desde la óptica del pensamiento liberal, la presencia activa del Estado en la vida económica de la sociedad debería haber generado profundos desequilibrios, expresados en desocupación, crisis de la balanza de pagos, inflación y disminución de la producción real de bienes debida a la falta de estímulos para la inversión privada.
La indómita realidad latinoamericana, en este caso la experiencia paraguaya, vuelve a desmontar al jinete ideológico extranjero. Hacia 1844, al asumir la presidencia de la república Carlos Antonio López, la actividad económica del Paraguay se hallaba en pleno crecimiento y contaba ya con una línea de telégrafo, ferrocarril, materiales de construcción, industrias de tejidos, ponchos, lienzos, papel, tinta, loza y pólvora. Asimismo, se había instituido la enseñanza gratuita y obligatoria, por lo cual casi todos los niños sabían leer y escribir, elevándose así sustancialmente la tasa nacional de alfabetización.
Todo ello se logró dentro de un marco legal en el que se prohibía el ingreso en el país de comerciantes extranjeros, a efectos de proteger el desarrollo económico independiente. A pesar de esta experiencia ejemplificadota, todavía hay quienes sostienen que sin la incorporación masiva del capital extranjero es imposible mantener un ritmo eficaz de desenvolvimiento económico, falacia que expresa la mayoría de las doctrinas desarrollistas.
Paraguay contaba, en 1850, con una importante industria siderúrgica en manos del Estado y una flota mercante nacional, cuyas unidades navieras fueron construidas en el astillero de Asunción. El signo monetario nacional era fuerte y estable, en tanto que el sector externo reconocía saldos comerciales superavitarios y no existían deudas con el exterior.
En 1862, debido al fallecimiento de su padre, Francisco Solano López se hace cargo de la primera magistratura. El país continúa avanzando en el terreno de las realizaciones económicas y sociales, impidiendo la penetración de los intereses foráneos, y en especial los de origen británico. La Corona inglesa, interesada en consolidar y extender su hegemonía en América Latina, impulsa, en 1864, la creación de la Triple Alianza, contando para ello con el servilismo ideológico, político y militar de los gobiernos de Brasil, Argentina y Uruguay. Un año después de formalizado el acuerdo, promueve la invasión de aniquilamiento al Paraguay, que constituye el capítulo más oscuro de nuestra historia americana.
En la guerra, que se extendió de 1865 a 1870, fueron masacrados 1.250.000 paraguayos, quedaron en el país solo 26 mil hombres sobrevivientes. Los invasores, instrumento armado del Imperialismo inglés, destruyeron la industria siderúrgica, le quitaron al Paraguay 154 mil kilómetros cuadrados de territorio, abrieron los ríos a la libre navegación y con ello a la penetración de las mercancías inglesas, restituyeron la propiedad privada y el latifundio, y saquearon tierras, bosques y yerbatales. Estos fueron los resultados de las fuerzas del “progreso” y la “libertad”, y la causa de la deuda moral que de por vida tienen los países agresores para con el Paraguay.
El Banco de Londres, la casa Baring Brothers y la banca Rothschill financiaron la guerra y lograron dos objetivos complementarios: por un lado, la destrucción social, política y económica del Paraguay, antes de que el país se convirtiera en un modelo acabado de desarrollo independiente y ejemplo para que imitaran las demás naciones de la región; por otra parte, aumentar el endeudamiento de los países agresores, para que con ello se incrementara la influencia británica en la cuenca del Río de la Plata. Ambos objetivos fueron, lamentablemente, alcanzados.
Años más tarde, cuando los Estados Unidos disputaron la hegemonía mundial a los británicos, otro enfrentamiento bélico tuvo lugar entre países hermanos, y sumió nuevamente al pueblo paraguayo en el fratricidio. Nos referimos a la guerra del Chaco (1932-35), en el cuál 30 mil paraguayos y varias decenas de miles de bolivianos tributaron sus vidas a la lucha de intereses petroleros entre la Standard Oil y la Shell. La historia independiente del Paraguay constituye el acervo cultural de todos los latinoamericanos y su falta de difusión es producto del manipuleo intelectual de las clases dominantes aliadas a los intereses imperialistas. La construcción de la Patria Grande implica rescatar este capítulo de la historia del Paraguay.
*Nota publicada por Editorial Clasa S.A. en su colección “América latina, una Patria Grande”, en el Nº 45 de mayo de 1984.
11 julio 2008
Aquello del pasado que mantiene vigencia
Aquello del pasado que mantiene vigencia
Raúl González Tuñón
La juventud también es un estado de ánimo/
y una manera de vivir, como la poesía.
Una actitud, un pasaporte a la aventura/
y a sus contradicciones y sus salvajes riesgos.
Sí, ya lo sé, hay jóvenes de mente vieja y /
viejos que hasta el fin mantienen la actitud, la rosa/
fresca del coraje.
Y toda rebelión impone luego su propia ley, su ritmo/
y es cuando el equilibrio organiza la audacia,/
distribuye los gestos de la sangre
y decanta lo que hubo de extremismo infantil/
y de grito de moda en su barullo.
Cuando sabe enl azar los hechos de hoy/
-inapelable-/
de la violencia y el amor,/
aquello del pasado que mantiene vigencia.///
Etiquetas: literatura
Primer posteo desde la Palm
Tengo nueva PalmTX! Este es mi primer posteo y espero podee volver pronto al ruedo cibernético...
Etiquetas: herramienta
11 junio 2008
Dos siglos de una historia común
En la Argentina, hace tres años se creó una comisión ad hoc para organizar los festejos de la independencia. El conflicto con el sector rural postergó los anuncios, pero el debate historiográfico se realimenta en toda Latinoamérica.El 25 de mayo pasado, las cuatro entidades ruralistas juntaron una multitud bañada de celeste y blanco en Rosario, a los pies justamente del Monumento a la Bandera. Desde ahí, insistieron con que "la patria es el campo", mientras se apropiaban políticamente de la escarapela. El mismo día, en Salta, Cristina Fernández de Kirchner evocaba frente al monumento a Martín Miguel de Güemes a los próceres oficiales de aquel mayo de 1810 y llamaba al Acuerdo del Bicentenario. Así, en las vísperas de la conmemoración de los doscientos años de los primeros esbozos independentistas, en la discusión política argentina se cuela una efemérides que motiva debates historiográficos, la relectura del pasado fundador y la consiguiente disputa por los símbolos. El fenómeno, como a comienzos del siglo XIX, le compete a toda América latina.
Los preparativos para el 2010 lentamente comienzan a tomar forma. Surgen mesas de debate, reuniones de historiadores, proyectos gubernamentales e independientes. Por lo pronto, decreto de Néstor Kirchner mediante, el Gobierno formó en el 2005 el Comité Permanente del Bicentenario, integrado por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, el por entonces ministro de Interior, Aníbal Fernández, y el secretario de Cultura, José Nun. En su página web, con la firma del último, se enumeran los objetivos: la realización de obras como escuelas, teatros y monumentos, la fijación de metas vinculadas con la reindustrialización, la reforma fiscal, política y judicial y la necesidad de "crear conciencia en la ciudadanía acerca de la importancia de la construcción misma del bicentenario como un horizonte común que les dé sentido unificador a las obras y metas que debemos emprender de inmediato".
Y, efectivamente, en la actual coyuntura lo que está en debate es ese "sentido unificador" del que habla Nun. El conflicto con las entidades agrarias no sólo imposibilitó el acuerdo macro que buscaba la Casa Rosada, sino que plantea una disputa por los símbolos y emblemas que, como afirma el jurista Julio Maier, sólo subsistirán como patrios en tanto no se intente sectorizarlos.
Consultada por este diario, la historiadora Patricia Funes, autora entre otros libros de Salvar la Nación. Intelectuales, cultura y política en los años veinte latinoamericanos, coincide con varios de sus colegas en que el debate historiográfico en torno al bicentenario está todavía rezagado. "En todo caso lo que se discute es la idea de nación. Cómo representarla, cómo los historiadores crearon los símbolos, una liturgia patriótica, cómo se revisa o construye, el valor de los héroes", explica.
Pero ante lo inevitable de la efemérides, la intención todavía embrionaria de algunos intelectuales cercanos al Gobierno es cuestionar "la historia mitrista", que es la que se enseña aún hoy en las escuelas. "La historia oficial se encuentra en un callejón sin salida desde hace dos o tres años. Luis Alberto Romero publicó un artículo diciendo que los historiadores no están de acuerdo con lo que se enseña en los colegios. Eso, justifican, lo hizo Mitre para hacer la Nación. Pero más allá de que no estén de acuerdo, sostienen que hoy hay que tener mucho cuidado en desmontar ese invento porque implicaría quedarse sin patria. En realidad, nosotros opinamos que así lo que somos es colonia", argumenta en conversación con PáginaI12 Norberto Galasso. Para él, la relectura debiera basarse en la participación popular de aquel 25 de mayo que reivindique su carácter democrático y antimonárquico (y no antihispánico), despojándose de las versiones liberales que les otorgan un lugar central a las influencias inglesas con su libre comercio.
Luciano De Privitellio no coincide. También historiador, autor junto a Romero de un estudio sobre los manuales escolares publicados en la Argentina desde 1950 La Argentina en la escuela, descree que "el revisionismo (y mucho menos aún el neorrevisionismo) aporte alguna idea que valga la pena considerar en términos de una historiografía universitaria seria, moderna y a la altura de los cánones mundiales de la disciplina". El argumento es que dicho sector, en el que se embarcaría Galasso, "suele englobar una historiografía rica en matices, diferencias y debates bajo el sencillo mote de 'historia mitrista' o 'historia oficial'". "La Revolución de Mayo –continúa– no es un ente homogéneo. Hay sectores promonárquicos, otros independentistas, otros republicanos, muchos antiespañoles, etc., etc... y todos hacen la revolución. La hace Saavedra (un monárquico) y Moreno (que, en principio, no lo era). Y, sobre todo, cambian de opinión a medida que los conflictos y las diferentes coyunturas los obligan a hacerlo. A su vez, hay muchas monarquías posibles y muchos debates políticos internos. Ese es, en realidad, el gran debate. Mucho más que monarquía o república." Así, esta corriente ha abandonado la discusión por "el mito de origen" y, en todo caso, busca convertirlo en objeto de estudio.
Una mirada regional
La ola independentista fue un fenómeno definitivamente latinoamericano. Las colonias debieron resolver su futuro luego de que la Francia napoleónica quitara del trono a Fernando VII. Sin rey, los virreyes ya no eran autoridad en el territorio americano. Entonces, fueron los pueblos (término con el que se entendía a los vecinos de las ciudades capital de intendencia con cabildo) los encargados de deliberar y tomar drásticas decisiones.
Pero, ¿por qué si la independencia fue continental hoy se la conmemora de manera aislada? Para Funes, la respuesta se encuentra en la mirada endógena de los Estados: "La personalidad del Estado-Nación recorta unas fronteras que los historiadores del siglo XIX consideraron como teleológicas, o sea que invariablemente la Argentina iba a ser lo que fue, cosa que no es así, porque podría haber sido lo que es o muy otra cosa. Así, los Estados recortan sus atributos, su soberanía, su historia y su educación".
Lo cierto es que los distintos países de América latina han venido organizando la conmemoración de sus respectivos bicentenarios, pero mirando siempre sólo hacia adentro. En todo caso, la mayor vinculación entre un proyecto y otro son los links que acompañan a las páginas web oficiales. Chile lo viene haciendo desde el año 2000, México y Argentina desde el 2005, Venezuela festejó en 2006 el bicentenario del desembarco de Francisco de Miranda, Ecuador y Bolivia desde 2007. Hasta España se decidió a apoyar las celebraciones a través del nombramiento del ex jefe de Gobierno Felipe González como un embajador extraordinario.
De la ciudad, la guerra y la revolución
No en todos los casos la disputa es la misma. Para la mayoría de los países se trata de una conmemoración ritual en la que poco se pone en disputa, pero hay otros que ponen varias cosas en juego. El caso mexicano es emblemático. En un contexto de impugnación a lo que denuncian fue en 2006 una elección fraudulenta, el Partido de la Revolución Democrática, cuyo bastión es el Distrito Federal que gobierna Marcelo Ebrard, planea una ofensiva. El planteo es el siguiente: en 1808, con lo que se conoce como la Revuelta del Ayuntamiento y el rol del síndico Primo de Verdad y Ramos, se comienza a dibujar la independencia. Esta visión, que pone en el centro de la escena a la ciudad, va a contramano de la historia oficial, que reivindica el presidente panista, Felipe Calderón. Para el gobierno, todo se habría iniciado aquel 16 de septiembre cuando el cura Miguel Hidalgo y Costilla se lanzó a la guerra, movilizó a indígenas y campesinos bajo la consigna "Viva la Virgen de Guadalupe, muerte al mal gobierno, abajo los gachupines", y abolió la esclavitud. "Lo que nos interesa poner sobre la mesa es que la Ciudad de México siempre estuvo a la vanguardia de los procesos revolucionarios", reconoce desde la capital el asesor de Ebrard, Ismael Carvallo. A toda esta interpretación se le debe añadir que también en 2010 se estará celebrando el centenario de la Revolución Mexicana de Pancho Villa, Emiliano Zapata y Venustiano Carranza.
En Colombia sucede algo similar. En 1879, una ley consagró el 20 de julio como día festivo. En 1910 se celebró el centenario y todo indicaba que en 2010 se festejaría el bicentenario. Pero en 2005 el presidente Alvaro Uribe intentó modificar los tiempos al plantear que la independencia no debía contarse desde la proclamación civil, sino desde el triunfo militar de Boyacá en 1819. De fondo, insoslayable, se encuentra su política de "seguridad democrática" y su vocación por derrotar en el terreno militar a las FARC y al ELN.
Sin embargo, la comunidad de historiadores se opuso al proyecto, por lo que en febrero de este año Uribe se vio obligado a rectificarse y crear la Alta Consejería para el Bicentenario con miras al 2010. "La Academia de Historiadores de Bogotá clamó, clamó con ímpetu al anterior alcalde, Luis Eduardo Garzón (del opositor Polo Democrático Alternativo), que ante el estropicio de la Visión 2019, Bogotá debiera arrancar por su lado con el Bicentenario, toda vez que en su plaza se dio el célebre suceso del Florero de Llorente. Oídos sordos. El tema logró introducirse en la campaña electoral de Samuel Moreno, quien en su programa prometió una celebración bicentenaria para reivindicar los principios de independencia, autodeterminación e integración latinoamericana. Pero la promesa duró hasta el 1° de enero de 2008, día de su posesión, cuando éste anunció que celebraría los 200 años de la independencia, pero para cabildear para Bogotá a la sede de los Juegos Panamericanos de 2012", reseña Luis Javier Caicedo, autor del libro 1810-2010: bicentenario de la independencia de Colombia y Latinoamérica.
En Venezuela, Hugo Chávez es otro, quizás el que más apela a los símbolos y la liturgia decimonónica para robustecer su proyecto actual. Sin ir más lejos, la nueva Constitución de 1999 le cambió el nombre al país: República Bolivariana de Venezuela. Incluso el "socialismo del siglo XXI" dice que tendrá mucho que ver con las raíces: "Bolívar, Sucre y Simón Rodríguez, sin duda, forman parte del patrimonio socialista utópico de nuestra América, no tengo duda". Incluso, en medio de las disputas por su vocación reeleccionista, Chávez insiste en que se quedará en el Palacio de Miraflores hasta el 2021. Es que, doscientos años atrás, recuerda, se libró la batalla de Carabobo, que selló definitivamente la independencia venezolana.
Informe: Diego González.
Etiquetas: historia, latinoamerica
26 abril 2008
CINE SOLIDARIO CON CUBA
MISION CONTRA EL TERROR
René, Antonio, Gerardo, Ramón y Fernando son cinco cubanos presos en los Estados Unidos bajo la acusación de terroristas. Sin embargo ellos cumplían una misión contra grupos terroristas cubano-americanos de Miami. “Misión contra el terror” es el film donde se muestra quienes son los verdaderos terroristas.
Con la presencia de miembros del
Comité Argentino por la libertad de los 5
Club Ciudadela Norte
25 de mayo esq. Av. Juan B. Justo (Ciudadela)
Etiquetas: cuba
19 febrero 2008
Mensaje de Fidel Castro: "no aspiraré ni aceptaré, el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe"
Les prometí el pasado viernes 15 de febrero que en la próxima reflexión abordaría un tema de interés para muchos compatriotas. La misma adquiere esta vez forma de mensaje.
Ha llegado el momento de postular y elegir al Consejo de Estado, su Presidente, Vicepresidentes y Secretario.
Desempeñé el honroso cargo de Presidente a lo largo de muchos años. El 15 de febrero de 1976 se aprobó la Constitución Socialista por voto libre, directo y secreto de más del 95% de los ciudadanos con derecho a votar. La primera Asamblea Nacional se constituyó el 2 de diciembre de ese año y eligió el Consejo de Estado y su Presidencia. Antes había ejercido el cargo de Primer Ministro durante casi 18 años. Siempre dispuse de las prerrogativas necesarias para llevar adelante la obra revolucionaria con el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo.
Conociendo mi estado crítico de salud, muchos en el exterior pensaban que la renuncia provisional al cargo de Presidente del Consejo de Estado el 31 de julio de 2006, que dejé en manos del Primer Vicepresidente, Raúl Castro Ruz, era definitiva. El propio Raúl, quien adicionalmente ocupa el cargo de Ministro de las F.A.R. por méritos personales, y los demás compañeros de la dirección del Partido y el Estado, fueron renuentes a considerarme apartado de mis cargos a pesar de mi estado precario de salud.
Era incómoda mi posición frente a un adversario que hizo todo lo imaginable por deshacerse de mí y en nada me agradaba complacerlo.
Más adelante pude alcanzar de nuevo el dominio total de mi mente, la posibilidad de leer y meditar mucho, obligado por el reposo. Me acompañaban las fuerzas físicas suficientes para escribir largas horas, las que compartía con la rehabilitación y los programas pertinentes de recuperación. Un elemental sentido común me indicaba que esa actividad estaba a mi alcance. Por otro lado me preocupó siempre, al hablar de mi salud, evitar ilusiones que en el caso de un desenlace adverso, traerían noticias traumáticas a nuestro pueblo en medio de la batalla. Prepararlo para mi ausencia, sicológica y políticamente, era mi primera obligación después de tantos años de lucha. Nunca dejé de señalar que se trataba de una recuperación "no exenta de riesgos".
Mi deseo fue siempre cumplir el deber hasta el último aliento. Es lo que puedo ofrecer.
A mis entrañables compatriotas, que me hicieron el inmenso honor de elegirme en días recientes como miembro del Parlamento, en cuyo seno se deben adoptar acuerdos importantes para el destino de nuestra Revolución, les comunico que no aspiraré ni aceptaré - repito- no aspiraré ni aceptaré, el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe.
En breves cartas dirigidas a Randy Alonso, Director del programa Mesa Redonda de la Televisión Nacional, que a solicitud mía fueron divulgadas, se incluían discretamente elementos de este mensaje que hoy escribo, y ni siquiera el destinatario de las misivas conocía mi propósito. Tenía confianza en Randy porque lo conocí bien cuando era estudiante universitario de Periodismo, y me reunía casi todas las semanas con los representantes principales de los estudiantes universitarios, de lo que ya era conocido como el interior del país, en la biblioteca de la amplia casa de Kohly, donde se albergaban. Hoy todo el país es una inmensa Universidad.
Párrafos seleccionados de la carta enviada a Randy el 17 de diciembre de 2007:
"Mi más profunda convicción es que las respuestas a los problemas actuales de la sociedad cubana, que posee un promedio educacional cercano a 12 grados, casi un millón de graduados universitarios y la posibilidad real de estudio para sus ciudadanos sin discriminación alguna, requieren más variantes de respuesta para cada problema concreto que las contenidas en un tablero de ajedrez. Ni un solo detalle se puede ignorar, y no se trata de un camino fácil, si es que la inteligencia del ser humano en una sociedad revolucionaria ha de prevalecer sobre sus instintos.
"Mi deber elemental no es aferrarme a cargos, ni mucho menos obstruir el paso a personas más jóvenes, sino aportar experiencias e ideas cuyo modesto valor proviene de la época excepcional que me tocó vivir.
"Pienso como Niemeyer que hay que ser consecuente hasta el final."
Carta del 8 de enero de 2008:
"...Soy decidido partidario del voto unido (un principio que preserva el mérito ignorado). Fue lo que nos permitió evitar las tendencias a copiar lo que venía de los países del antiguo campo socialista, entre ellas el retrato de un candidato único, tan solitario como a la vez tan solidario con Cuba. Respeto mucho aquel primer intento de construir el socialismo, gracias al cual pudimos continuar el camino escogido."
"Tenía muy presente que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz", reiteraba en aquella carta.
Traicionaría por tanto mi conciencia ocupar una responsabilidad que requiere movilidad y entrega total que no estoy en condiciones físicas de ofrecer. Lo explico sin dramatismo.
Afortunadamente nuestro proceso cuenta todavía con cuadros de la vieja guardia, junto a otros que eran muy jóvenes cuando se inició la primera etapa de la Revolución. Algunos casi niños se incorporaron a los combatientes de las montañas y después, con su heroísmo y sus misiones internacionalistas, llenaron de gloria al país. Cuentan con la autoridad y la experiencia para garantizar el reemplazo. Dispone igualmente nuestro proceso de la generación intermedia que aprendió junto a nosotros los elementos del complejo y casi inaccesible arte de organizar y dirigir una revolución.
El camino siempre será difícil y requerirá el esfuerzo inteligente de todos. Desconfío de las sendas aparentemente fáciles de la apologética, o la autoflagelación como antítesis. Prepararse siempre para la peor de las variantes. Ser tan prudentes en el éxito como firmes en la adversidad es un principio que no puede olvidarse. El adversario a derrotar es sumamente fuerte, pero lo hemos mantenido a raya durante medio siglo.
No me despido de ustedes. Deseo solo combatir como un soldado de las ideas. Seguiré escribiendo bajo el título "Reflexiones del compañero Fidel" . Será un arma más del arsenal con la cual se podrá contar. Tal vez mi voz se escuche. Seré cuidadoso.
Gracias
Fidel Castro Ruz
18 de febrero de 2008
5 y 30 p.m.



